Cosas favoritas

 Hacía mucho que no me sentaba a escribir por puro gusto. Desde hace meses siempre ha sido por sacar algo de dentro. Meter cuchillo, sacar tripas.

Pero hoy quiero hablar de mis cosas favoritas.

La vida en general se ha convertido en una sucesión de eventualidades que se repiten cíclicamente sin parar. Una rutina llena de monotonía. Un anclaje en medio del mar donde apenas puedes percibir los cambios de marea, el vaivén de la brisa.

Me gusta mucho divagar. Y hablar. A veces pienso que hablo demasiado, que igual molesto. Que importuno. Que no está bien.

Me encanta cocinar. Hacer bollos, preparar pasteles, hornear pan.

Y las duchas de dos horas bajo el chorro de agua caliente. Limarme las uñas. Echarme crema. Oler bien.

La sensación de que me gusta mi cuerpo, pese a todas las imperfecciones que tiene. Las caderas anchas, los muslos grandes, las pecas, las cejas, las mejillas y el pecho. Lo suficientemente sutil como para poder dormir boca abajo pero no tanto como para que no merezca la pena parar a toquetearlo.

Que me lleven a comer, compartir plato con otra persona, echar siestas, ver pelis y llorar con vídeos de patitos. Imaginar cómo sería mi vida si tuviera un gato. Imaginar cómo sería mi vida si tuviera hijos. Imaginar cómo sería mi vida si no hubiera tomado todas las decisiones que he tomado y que me han llevado hasta aquí.

También me gusta escribir. Y leer. Y los largos paseos por la ciudad, de noche. La playa, pero no bañarme. Quemarme las retinas viendo el tiempo pasar a través de una pantalla o fundirme los tímpanos tras seis horas escuchando música a todo volumen.

Me gusta crear. Y conservar todo aquello que pueda ser atesorado dentro de unos años. Recuerdos, memorias, fotos, olores y sabores. Oler un perfume y viajar en el tiempo.

Y esto, también me gusta mucho esto:



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